miércoles, 1 de mayo de 2013

Los Abuelos








LOS ABUELOS NO SÓLO CUIDAN; SON EL TRONCO DE LA FAMILIA EXTENDIDA, APORTAN ALGO QUE LOS PADRES NO SIEMPRE VISLUMBRAN: PERTENENCIA E IDENTIDAD. 
ENRIQUE ORSCHANSKI.
                        



En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado "síndrome de la casa vacía".
El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares.
Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas. Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.
Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez.
Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.
Los abuelos miran diferente. Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. Para opinar, por ejemplo. O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tienen las manos suaves y las mueven con cuidado. Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).
Finalmente, y para que sepan los descreídos... 
Los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles.




Procrastinación



No es un insulto, sino una palabra difícil de pronunciar para referirse a un rasgo humano bastante común. Un informe con el que se sentirá identificado
http://america.infobae.com/notas/62480-Sepa-por-que-Ud-es-un-procrastinador




Un maravilloso y apacible domingo Ud. pasó toda la jornada tranquilo y relajado, pensando que lo único que tenía que hacer imperiosamente ese día era ir al supermercado a efectuar la compra del mes. Sin embargo, a pesar de que ello nunca salió de su mente y lo tuvo presente desde que se levantó de la cama, después de haber navegado horas por internet solo para pasar el tiempo y haber vuelto a ver dos películas viejas en televisión -cuyos diálogos podría repetirlos casi de memoria- se da cuenta que queda media hora para que la tienda cierre. 

A toda velocidad, se cambia y sale corriendo de su casa. Llega justo a tiempo, en el preciso momento en que el guardia se dispone a cerrar la puerta, justo detrás suyo. Entonces, se da cuenta de que solo va a tener tiempo para tomar lo imprescindibley que deberá volver otro día para poder comprar el resto de lo que necesitaba. Se siente culpable y angustiado. Claro que también, al haber visto lo tarde que se hizo, podría haber cancelado directamente la ida al supermercado y haberse mortificado el resto de la noche por dejar transcurrir todo un día entero sin haber cumplido con la única y simple actividad que tenía que hacer. De todos modos, la culpa y la angustia se habrán hecho presentes y, en ambos casos, Ud. será un procrastinador, indefectiblemente.

En los estudiantes se dan ciertos casos bastante clarificadores de este trastorno. El ‘síndrome de la última materia’, esos alumnos a los que eternamente les resta una sola asignatura para recibirse y que jamás logran tener su título. También están aquellos que estudian muchísimo para rendir un examen pero a último momento no se presentan, y los que se sientan a prepararse ya sin tiempo, a pesar de haber tenido varias semanas libres como para haber dado un examen brillante. Y claro, terminan reprobando.

“En cierto modo, todos padecemos esta patología. Se posterga una acción para más adelante y ello produce angustia porque la realización de la tarea se transforma en algo abrumador”, explicó Harry Campos Cervera, médico psiquiatra y psicoanalista,consultado por Infobae. La procrastinación es el hábito de postergar actividades o tareas que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.

El especialista indicó que el síntoma de postergar la acción puede deberse a muchas causas: la más típica es la neurosis obsesiva, donde la acción se va postergando para no comprometerse con el cumplimiento. “El fantasma que tiene postergar la acción es el miedo a la muerte porque uno queda congelado con la idea de que si uno lo hace y cumple con algo está más cerca del fin”, sostuvo.

La procrastinación también puede deberse a trastornos de personalidad que se enlazan con la duda. Campos Cervera aseguró que hay personas que son extraordinariamente exigentes y que postergan ciertos actos  con la esperanza de realizarlos mejor más adelante y eso nunca se cumple. “También la padecen quienes presentan trastornos neurológicos, porque nuestra conducta de hacer algodepende del lóbulo frontal del cerebro, ya que una región tiene que ver con la planificación de la acción. En ese caso, se ven patologías como el trastorno por déficit de atención, que altera la realización de algo, justamente porque falta la atención debida. Van saltando a cosas distintas y no pueden hacer ninguna”, expresó.

En casos severos, la procrastinación también puede verse en el caso de aquellas personas que tienen lesiones en el lóbulo frontal, como en el caso de los adictos a la cocaína que pierden la posibilidad de planificar. “Un paciente puede decir que viene a la sesión psicológica a las 16. En el camino pasa por un escaparate y se dispersa, luego se encuentra con alguien, hace otra cosa y a las 21 se da cuenta que no fue a la sesión, a pesar de que había salido de su casa para ello”, dijo el experto.

Infobae también entrevistó a la psicoanalista Mónica Cruppi, quien se refirió a este trastorno tan común y que pocos saben que lo padecen.

-¿Por qué hay personas que caen en la procrastinación?

Es una de las formas que tiene el sujeto de relacionarse con el deseo, en el sentido de demorarlo, postergarlo y aplazarlo. El termino procrastinación, su conceptualización y su aplicación aparece en la obra freudiana en varios trabajos como síntoma que padecen los neuróticos,  en  especial  cuando se refiere a los obsesivos.También está presente en los depresivos y melancólicos. Fue Jacques Lacan quién profundizó más el concepto.

-¿A qué se debe este comportamiento? ¿Cuáles son sus causas?

Se trata de una renuncia pulsional, es decir, el sujeto desea satisfacer la pulsión pero a la vez siente angustia y culpa por su realización, por lo tanto lo suspende. En "El malestar en la cultura", Sigmund Freud nos acerca al placer escondido en toda renuncia a la satisfacción pulsional, renuncia que  deja al sujeto tomado  suspendido.

Freud dijo que bajo la forma de postergación de la gratificación, la procrastinación conservó toda su ambivalencia interna, lo que quiere decir que junto con el deseo se encuentra la culpa y la angustia  que impiden su satisfacción. La procrastinación  es alejar el deseo en el tiempo para suspender el goce. Es gozar de la suspensión del goce y hacer de la suspensión un goce mismo.    

Como podemos observar, el deseo y la angustia están entrelazados, por lo que el sujeto -con tal de evitar esa angustia previa a su consecución- está perpetuamente demorándolo. Hoy la postergación de la satisfacción ya no tiene un índice de valor moral. Sabemos que detrás de la búsqueda de placer hedonista, se esconde la cara feroz del ‘superyó’ y el imperativo de gozar hasta la muerte.

¿Cuáles son las consecuencias de ser un procrastinador?

Hay sujetos que se caracterizan por ello: los obsesivos, cuyos rasgos principales de carácter son el amor al orden, la preocupación por el ahorro y la terquedad con propensión a la duda y a la inhibición. Tenemos un tipo de carácter coartado, cohibido y estático. Un sujeto que rechaza desprenderse y desarrollarse, que rechaza atravesar dificultades y etapas que, en definitiva, tiende al inmovilizarlo y más hacia la muerte que hacia la vida: los muertos vivos Estas podrían ser las características de las personas que tienden a la procrastinación.

Este rasgo, de la misma manera que la duda, es un modode defensa del sujeto contra la angustia y, muchas veces, existe una gran cercanía entre el objeto de la angustia y el objeto del deseo: entre lo que a alguien puede angustiarle y lo que verdaderamente puede anhelar   

¿Qué podemos hacer para evitar la procrastinación?

Una de las cosas más importantes en este tema es detectar la presencia de la angustia, porque ella es uno de los factores que hace que se eviten los cambios, las decisiones, los actos verdaderos. Tomar una decisión o tener que implementarla puede ser un problema por la angustia que  conlleva. La tarea analítica radica en aliviarla, averiguar cuando el sujeto posterga, sus motivaciones inconscientes, es  decir, lo que hay por debajo del síntoma.

Jacques Lacan decía que hay tres momentos lógicos en cuanto a la temporalidad de la acción: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir.Todo el mundo pasa por los tres, pero algunos se detienen más de lo necesario en los momentos de ver y comprender: quieren calcular todo antes de concluir o simplemente utilizan la comprensión como excusa para nunca tomar decisiones, y en esa eterna posposición se les puede ir la vida entera.





Cuando el tiempo se erotiza: la procrastinación
 

Por Mónica Cruppi


El término procrastinación (del latín pro, adelante, y crastinus, referente al futuro) procede de procrastinare que en latín significa posponer, dejar para otro día, actividades o labores, por desvíos, dudas, dispersiones o sutilezas. Otra acepción, la vincula con la tendencia a soslayar responsabilidades, decisiones o tareas que requieren ser ejecutadas.

Lo que se procrastina puede ser significado por el sujeto como: fastidioso, desafiante, turbador, amenazador, difícil, o tedioso, ya que está revestido con un gran monto de angustia, por lo que se dilata hacia un futuro “idealizado”.


En la antigüedad este término carecía de una estigmatización, de una connotación negativa. Es a partir de la sociedad industrial donde adquiere esta significación.
En las sociedades antiguas como la egipcia, el término estaba relacionado con la evitación del trabajo y la pereza. En cambio, los romanos la asociaban con la espera juiciosa antes de la acción.

 Es necesario diferenciarla del ocio que es el cese de toda actividad, en donde el sujeto se dedica al reposo y utiliza su tiempo libre para recrearse.  Hoy en la postmodernidad, lo social fragua, modela un sujeto lleno de tareas triviales y de obligaciones que corren tras lo urgente y banal. 
Tal es la marca de lo social, que se han descripto dos tipos de individuos que ejecutan esta acción: los procrastinadores ocasionales y procrastinadores crónicos (neuróticos obsesivos).Los primeros se encuentran dentro de lo que algunos autores describen como nuevas adicciones; por ejemplo: a Internet, que favorece la evasión a través de la realidad virtual. Es en este espacio donde las múltiples facetas del yo, tienen la posibilidad de ser desplegadas , al mismo tiempo de poder plasmar el propio ideal. Una persona puede tener más de una vida: una real y otra virtual. En este sentido el espacio virtual favorece la moratoria.

La procrastinación crónica o neurótica, aparece en la obra freudiana en varios trabajos como una inhibición que padecen los neuróticos, en especial los obsesivos. Aunque también se encuentra presente en los depresivos y melancólicos. Freud en 1925, observa que la neurosis obsesiva perturba el trabajo por la pérdida de tiempo derivada de incesantes interrupciones, distracciones y repeticiones.
En los neuróticos, la angustia que inhibe y que limita juega un rol importante porque el “hacer” se relaciona directamente con lo reprimido. Este material por su condición intenta siempre irrumpir de modo amenazador, entonces el Yo despliega los mecanismos necesarios para evitar estas representaciones. Por ello, la dimensión temporal en el sujeto procrastinante tiene una especial valía. Relaciona de un modo particular al sujeto con su deseo, en el sentido de diferirlo y postergarlo. La pérdida del tiempo de esta maniobra, otorga un plus a la suspensión del goce.

La procrastinación revestida libidinalmente, eróticamente, logra hacer de la suspensión de gozar un goce mismo, alejando el deseo en el tiempo.
Deseo, angustia e inhibición se anudan para evitar la consecución, eternizando la demora.
La evitación del acto, resulta otra manera de pensar la imposibilidad del deseo, ya que la ejecución del mismo modificaría al sujeto. 

Bibliografía
Alvarez Blas, R.: Procrastinación General y académica, en una muestra de estudiantes. Revista Persona. Universidad de Lima. 2011. E textos.
Brodsky, G.: La erótica del tiempo lógico. Escuela de orientación Lacaniana. E textos.
Freud, S.: Inhibición, síntoma y angustia. 1925 Obras Completas Amorrortu Editores. Buenos Aires 1990.
Miller, J.-A., La erótica del tiempo y otros textos, Tres Haches. Buenos Aires 2001.

jueves, 21 de febrero de 2013

Respira




Respira, serás padre toda tu vida




Enséñales las cosas importantes, las de verdad..
a saltar los charcos, a observar los bichitos,
a dar besos de mariposa y abrazos muy fuertes. 

No olvides esos abrazos y no se los niegues nunca
Dile cuánto los quieres siempre que lo pienses...
déjalos imaginar e imagina con ellos,
déjalos reír y rie con ellos,
déjalos llorar y llorar con ellos.

Las paredes se pueden volver a pintar,
los objetos se rompen y se reemplazan continuamente,
LOS GRITOS DE PAPAS DUELEN PARA SIEMPRE...
Puedes responder mails más tarde, mientras tu escribes ellos crecen.

Ellos no necesitan tantos juguetes. Trabaja menos y quiere mas y sobre todo:
Respira, serás padre toda tu vida pero ellos serán niños solo una vez.



miércoles, 20 de febrero de 2013

De nuestros miedos

De nuestros miedos
nacen nuestros corajes,
y en nuestras dudas
viven nuestras certezas.
Los sueños anuncian
otra realidad posible,
y los delirios otra razon.


En los extravios
nos esperan los hallazgos
porque es preciso perderse
para volver a encontrarse.
Galeano

jueves, 31 de enero de 2013

Las Diosas de cada mujer




C.G.Jung introdujo el concepto de arquetipos en la psicología. Él consideraba los arquetipos como pautas de comportamiento instintivo comprendidas en un inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo es la parte del inconsciente que no es individual sino universal, con contenidos y modos de comportamiento que son más o menos los mismos en todas partes y en todas las personas. 
Los arquetipos de las diosas que describo en este libro son las seis diosas del Olimpo: Hestia, Deméter, Hera, Artemisa, Atenea y Afrodita –más Perséfone, cuya mitología no se puede separar de la de Deméter.

He dividido estas siete diosas en tres categorías: las diosas vírgenes, las diosas vulnerables y las diosas alquímicas (o transformadoras). 

Las diosas vírgenes fueron puestas juntas en la antigua Grecia. Las otras dos categorías son clasificaciones mías. Las formas de conciencia, los papeles favorecidos y los factores motivadores son las características que distinguen a cada grupo. Las actitudes hacia los demás, la necesidad de cariño y la importancia de las relaciones son también claramente diferentes en cada categoría. Las diosas que representan las tres categorías requieren ser expresadas por algún lado en la vida de una mujer que ésta pueda amar profundamente, trabajar con sentido, y ser sensual y creativa.

El primer grupo que se encontrará en estas páginas son las diosas vírgenes: Artemisa, Atenea y Hestia. Artemisa (a la que los romanos llamaron Diana) es la diosa de la caza y de la luna. Sus dominios eran las tierras vírgenes. Era la arquera de disparo certero y la protectora de la juventud de todas las cosas vivientes. Atenea (conocida como Minerva por los romanos) era la diosa de la sabiduría y la artesanía, patrona de Atenas, ciudad que tomó su nombre, y protectora de numerosos héroes. Normalmente se la representa llevando una armadura y era conocida como la mejor estratega en las batallas. Hestia, la diosa del Hogar (la diosa romana Vesta), era la menos conocidas de todas las diosas del Olimpo. Estaba presente en las casas y en los templos como fuego en el centro del hogar.
Las diosas vírgenes representan la cualidad de independencia y autosuficiencia en las mujeres. Por el contrario de las demás diosas del Olimpo, estas tres no podían enamorarse. Los apegos emocionales no les desviaban de lo que consideraban importante. No eran victimizadas y no sufrían. Como arquetipos, expresan la necesidad de autonomía en las mujeres y la capacidad que éstas tienen de centrar su conciencia en lo que tiene sentido personalmente para ellas. Artemisa y Atenea representan la actitud de ir directamente a los objetivos y el pensamiento lógico, que hacen de ellas los arquetipos orientados hacia el logro. Hestia es el arquetipo cuya atención está enfocada hacia dentro, hacia el centro espiritual de la personalidad de una mujer. Estas tres diosas son arquetipos femeninos que persiguen sus metas de manera activa. Amplían nuestro concepto de los atributos femeninos para incluir la competencia y la autosuficiencia.

Al segundo grupo –Hera, Deméter y Perséfone- le llamó las diosas vulnerables. Hera (conocida como Juno por los romanos) era la diosa del matrimonio. Era la esposa de Zeus, el dios que reinaba sobre los dioses del Olimpo. Deméter (la diosa romana Ceres) era la diosa de las cosechas. En su mito principal se enfatizaba su papel de madre. Perséfone (en latín, Proserpina) era la hermana de Deméter. Los griegos la llamaban también Koré, ―la doncella‖.
Las tres diosas vulnerables representan los papeles tradicionales de la esposa, la madre y la hija. Son los arquetipos orientados hacia las relaciones, cuyas identidades y bienestar dependen de tener una relación significativa. Expresan la necesidad de las mujeres de afiliación y vinculación. Están armonizadas con otras personas y son vulnerables. Estas tres diosas son violadas, raptadas, dominadas o humilladas por dioses masculinos. Cada una sufrió a su manera al romperse o deshonrarse una relación afectiva, y mostraron síntomas similares a los de una enfermedad psicológica. Cada una de ellas también evolucionó, y puede proporcionar a las mujeres una comprensión interna de la naturaleza y pauta de las propias reacciones que deben abandonarse, y el potencial para el crecimiento interno mediante el sufrimiento inherente a cada uno de estos tres arquetipos de diosas.

Afrodita, diosa del amor y de la belleza (más conocida por su nombre romano como Venus), se encuentra por derecho propio en la categoría de las diosas alquímicas. Era la más bella e irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia de sus numerosas relaciones. Creaba amor y belleza, atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Entablaba relaciones por decisión propia y nunca fue victimizada. Así pues, siempre mantuvo su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones como diosa vulnerable. Su conciencia era receptiva y al mismo tiempo estaba concentrada, lo que permitía un intercambio en dos direcciones, que le afectaba tanto ella como a la otra persona. El arquetipo de Afrodita motiva a las mujeres a perseguir intensamente las relaciones más que la permanencia, a valorar el proceso creativo y a estar abiertas a cambiar. 


Diosas griegas y mujeres contemporáneas
Las diosas griegas son imágenes de mujeres que ha vivido en la imaginación de la humanidad durante más de tres mil años. Las diosas son patrones o representaciones de cómo son las mujeres, con más poder y diversidad de comportamientos de los que se ha permitido ejercer históricamente a las mujeres. Son bellas y fuertes. Están motivadas por lo que les importa, como sostengo en este libro representan patrones intrínsecos o arquetipos que pueden conformar el curso de la vida de una mujer.
Estas diosas se diferencian unas de otras. Cada una tiene sus rasgos positivos y potencialmente negativos. Sus mitos muestran lo que es importante para ellas y expresan con metáforas lo que una mujer que se les parezca puede hacer.
Por mi parte, también he llegado a pensar en las diosas griegas del monte Olimpo cada una de las cuales era única, y algunas de ellas antagónicas entre sí- como una metáfora de la diversidad y del conflicto interior de las mujeres, que somos complejas y multifacéticos. Todas las diosas se hallan potencialmente en cada mujer. Cuando varias diosas compiten por el dominio de la psique de una mujer, ésta necesita decidir qué aspecto de ella misma quiere expresar y cuando. De otra manera, será empujada primero en una dirección y después en otra.


Las diosas griegas también vivían, como nosotras, en una sociedad patriarcal. Dioses masculinos gobernaban la tierra, los cielos, el océano y el mundo subterráneo. Cada diosa independiente se adaptaba a esta realidad a su manera, separándose de los hombres, juntándose a los hombres como uno de ellos o retirándose hacia su propio interior. Cada diosa valoraba una relación concreta era vulnerable y relativamente débil en comparación con los dioses masculinos, que podían negarle lo que ella quería y dominarla. Así pues, las diosas representan patrones que reflejan la vida de una cultura patriarcal.


En la Grecia antigua, las mujeres sabían que su vocación o su función en la vida las situaba bajo el dominio de una diosa concreta, a la cual veneraban: las tejedoras necesitan el patrocinio de Atenea; las jóvenes se hallan bajo la protección de Artemisa; las mujeres casadas veneraban a Hera. Las mujeres rendían culto y presentaban ofrendas ante los altares de las diosas cuya ayuda necesitaban. Las mujeres que daban a luz rezaban a Artemisa para que les liberase del dolor; invitaban a Hestia a sus chimeneas para convertir sus casas en hogares. Las diosas eran deidades poderosas, a las que se rendía homenaje con rituales, veneración, ofertas y sacrificios. Las mujeres daban también a las diosas lo que les correspondía, porque temían la cólera divina y el justo castigo si no lo hacían.

Dentro de las mujeres contemporáneas, las diosas existen como arquetipos y pueden –como en la antigua Grecia- conseguir lo que les corresponde y reclamar potestad sobre sus súbditos. Incluso sin saber a qué diosa está sometida, una mujer puede, no obstante, ―prestar fidelidad a un arquetipo concreto durante un tiempo o durante toda su vida.
Por ejemplo, durante la adolescencia, una mujer puede haber estado completamente loca por los chicos; puede que hay tenido relaciones sexuales tempranas y haber corrido el riesgo de embarazos no deseados, sin saber que estaba bajo la influencia de Afrodita, diosa del Amor, cuyo impulso hacia la unión y la procreación puede coger desprevenida a una joven inmadura. O puede haber estado bajo la protección de Artemisa, que valoraba el celibato y adoraba la vida natural, y que tal vez haya sido una joven loca por los caballos o una ―girl scout‖ de mochila. O quizá haya sido una joven Atenea, con la nariz metida siempre en un libro o participando en un concurso de conocimientos, motivada por la diosa de la sabiduría para obtener reconocimiento y buenas notas. O, desde que jugaba con sus primeras muñecas, tal vez fuese una Deméter en ciernes, fantaseando sobre cuándo podría tener su propio bebé. O quizá fuera como la doncella Perséfone cogiendo flores en el prado, una joven sin metas definida a la espera de que algo o alguien la entusiasmen.

Todas las diosas son patrones potenciales en la psique de todas las mujeres, aunque en cada mujer concreta algunos de estos patrones están activados (energetizados o desarrollados) y otros no. La formación de los cristales fue una analogía de la que Jung se sirvió para ayudar a explicar la diferencia entre patrones arquetípicos (que son universales) y arquetipos activados (que están funcionando en nosotros); un arquetipo es como el patrón invisible que determina la configuración y estructura que adoptará un cristal cuando se forma (1). Una vez que el cristal cobra su forma realmente, el patrón ya reconocible es análogo al arquetipo activado.

Los arquetipos pueden también ser comparados con los ―códigos contenidos en las semillas. El crecimiento de las semillas depende de la clase de tierra y de las condiciones climáticas, de la presencia o ausencia de ciertos nutrientes, del cuidado amoroso o de la desatención por parte de los hortelanos, del tamaño y profundidad de las macetas, y de la resistencia de la misma variedad de que se trate.
Del mismo modo, qué dioses o diosas (pueden estar presentes varios al mismo tiempo) se activan en una determinada mujer, en un momento específico, depende del efecto combinado de una pluralidad de elementos que interactúan entre sí: predisposición de la mujer, familia y cultura, hormonas, otras personas, circunstancias no elegidas, actividades escogidas y fases de la vida. 


La predisposición intrínseca
Los bebés nacen con rasgos de personalidad –activos, voluntariosos, plácidos,
curiosos, capaces de pasar el tiempo solos, sociables- que se compaginan más con algunos arquetipos de diosas que con otros. Cuando una niña pequeña tiene dos o tres años, ya muestra cualidades típicas de determinadas diosas. La pequeña sumisa que está completamente satisfecha haciendo lo que su madre desea, es muy diferente de la pequeña que está lista para salir por su cuenta a explorar sus alrededores, tan diferente como Perséfone de Artemisa.

El entorno familiar y las diosas
Las esperanzas de la familia de la niña apoyan a unas diosas y suprimen otras. Si los
padres esperan que las hijas deben de ser ―dulces como el azúcar y la miel‖ o ―la pequeña ayuda de su madre‖, entonces están premiando y reforzando las cualidades de Perséfone y de Deméter. Una hija que sabe lo que quiere y que espera tener los mismo privilegios y oportunidades que su hermano puede que sea llamada ―testaruda‖, cuando sólo está siendo su misma Artemisa persistente, o puede que se le diga que se ―comporte como una chica‖, cuando simplemente está siendo su propia Atenea que actúa como un muchacho más. Además, en la actualidad, una niña pequeña puede encontrarse en un patrón inverso de aprobación-desaprobación: puede que sea disuadida de quedarse en casa jugando a ―ser mamá‖ o ―ama de casa‖ (que tal vez sea lo que quiere hacer). En su lugar, se la inscribe para jugar al fútbol y se la matricula en la educación preescolar (que es donde sus padres quieren que prospere).
El patrón de la diosa intrínseco a la niña interactúa con las esperanzas familiares. No porque la familia desapruebe a la diosa en cuestión, la niña dejará de sentir como siente, aunque puede que aprenda a no actuar de manera natural y que su autoestima sufra por ello. Si ―su diosa‖ se encuentra favorecida en su familia, puede que también se produzcan inconvenientes. Por ejemplo, una niña que tienda a seguir a los demás por ser fundamentalmente como Perséfone, puede tener dificultades en saber lo que quiere tras años de ser gratificada por agradar a los demás. Y la Atenea en ciernes que salta de una clase a otra superior, refuerza sus capacidades intelectuales a expensas de la amistad con sus compañeras. Cuando el patrón intrínseco y la familia ―conspiran‖ para hacer que una mujer se acomode a una diosa, su evolución se vuelve unilateral.
Si la familia recompensa y alienta a la niña para que desarrolle lo que viene de manera natural, ésta se siente bien consigo misma a medida que hace lo que realmente le importa. Lo contrario le ocurre a la niña cuyo patrón de diosa se encuentra con la desaprobación de su familia. La oposición no cambia el patrón intrínseco, sino que simplemente hace que la niña se encuentre mal consigo misma por tener los rasgos e intereses que tiene. Y la hace sentirse falsa si aparenta ser distinta de lo que es.

El efecto de la cultura en las diosas
¿Qué ―diosas‖ apoya la cultura a través de los papeles que permite desempeñar a las mujeres? Los estereotipos de mujeres con imágenes positivas o negativas de arquetipos de diosas. En las sociedades patriarcales, los únicos roles aceptables suelen ser los de la doncella (Perséfone), la esposa (Hera) y la madre (Deméter). A Afrodita se la condena como ―la puta‖ o ―la tentadora‖, que son una desvalorización de la sensualidad y de la sexualidad de este arquetipo. Una Hera que se afirma a sí misma o se enfada se convierte en ―la arpía‖. Y algunas culturas, del pasado y actuales, niegan activamente la expresión de independencia, inteligencia o sexualidad en las mujeres, de manera que reprimen cualquier indicio de Artemisa, Atenea o Afrodita.
En la China antigua, por ejemplo, la costumbre de vendar los pies a las mujeres significaba que ellas quedaban físicamente tullidas e igualmente limitadas psicológicamente por roles que no permitían la independencia. En esas condiciones, determinadas diosas sólo podían vivir en los mitos. En su novela The Woman Warrior (2), Maxine Hing Kingston escribió sobre la desvalorización y degradación de las mujeres chinas, que ha perdurado hasta la actualidad. En contraste, recomponía el mito de una fuerte mujer-guerrera y heroína china. El mito mostraba que, aunque el patrón de una diosa no pudiera sobrevivir en la vida real de una mujer, esa diosa podía todavía expresarse en cuentos de hadas, mitos y sueños de mujeres.
Las vidas de las mujeres están moldeadas por los roles tolerables y las imágenes idealizadas de cada época. Estos estereotipos favorecen a algunos patrones de diosas sobre otros. En los Estados Unidos, durante las últimas décadas, se han producido cambios fundamentales en ―lo que se espera que debe ser una mujer‖. Por ejemplo, la ola de nacimientos subsiguiente a la segunda guerra mundial resaltó el matrimonio y la maternidad. Fue una época de realización para las mujeres que poseían el instinto maternal de Deméter.

Pero fue una época difícil para las mujeres Atenea o Artemisa que tenían curiosidad intelectual, que eran competitivas y querían expresar lo mejor de sí mismas o el logro de objetivos en cualquier tarea diferente a la de crear una familia. Las mujeres iban al colegio para obtener su título de estudios secundarios y, una vez casadas, solían abandonar los estudios. El ―espíritu de familia‖ en vecindad era el ideal. Las mujeres americanas no se detenían al tener dos hijos, sino tres, cuatro, cinco o seis. Hacia 1950, el índice de natalidad en los Estados Unidos igualó al de la India por primera y única vez.
Veinte años después, los años 70 fueron la década del movimiento feminista (años excelentes para Artemisa y Atenea). Los tiempos fueron favorables para las mujeres motivadas para triunfar. Las feministas y las mujeres profesionales tomaron el escenario. Estudiaron muchas más mujeres que nunca, para conseguir doctorados y licenciaturas en administración de empresas, medicina y derecho. Se rompieron cada vez más las promesas de matrimonio ―hasta que la muerta nos separe‖, y disminuyó la tasa de nacimientos. Mientras tanto, las mujeres motivadas por la necesidad de Hera de ser compañera y la de Deméter de tener hijos funcionaban en un clima cada vez más insoportable.
Cuando determinados patrones arquetípicos en algunas mujeres encuentran el amparo de la cultura, esas mujeres pueden hacer los que internamente tiene sentido para ellas y pueden recibir la aprobación externa. El apoyo institucional cuenta mucho. Por ejemplo, las mujeres con una mente lógica innata necesitan tener acceso a la educación superior para desarrollarse intelectualmente. Las mujeres con un enfoque espiritual tipo Hestia progresan en comunidades religiosas.

El efecto de las hormonas en las diosas
Cuando las hormonas cambian de manera espectacular –en la pubertad, durante el embarazo y con la menopausia- se refuerzan algunos arquetipos a expensas de otros. Durante la pubertad, las hormonas responsables del desarrollo genital y de los pechos, pueden estimular la sensualidad y la sexualidad que son características de Afrodita. Algunas niñas, cuando se desarrollan físicamente, se convierten en jóvenes mujeres Afrodita; otras desarrollan los pechos y empiezan sus menstruaciones, pero no dirigen su interés hacia los chicos. El comportamiento no está determinado únicamente por las hormonas, sino mediante la interacción de éstas con los arquetipos de las diosas.
El embarazo estimula un aumento masivo de la hormona progesterona, que mantiene fisiológicamente el embarazo. Las diferentes mujeres también reaccionan de manera diferente a este aumento. Algunas quedan satisfechas emocionalmente a medida que sus cuerpos se ensanchan con el niño, y se sienten como la encarnación de Deméter, la diosa madre. Otras parecen olvidarse casi del embarazo y difícilmente faltan a un solo día de trabajo.
La menopausia –el final de la menstruación producida por una reducción del estrógeno y de la progesterona- es otro de los periodos de cambio hormonal. La manera en que reacciona al mismo tiempo una mujer depende, de nuevo, de la diosa que esté activa. Por cada Deméter afligida que padece una depresión por el ―nido vacío‖, parece que existen – como señaló la antropóloga Margaret Mead- otras mujeres con una oleada de E.P.M. o ―entusiasmo posmenopáusico. Este aumento puede suceder cuando una diosa energetizada de nuevo puede ahora tomar su ligar, esperado durante tanto tiempo.
Incluso durante los períodos menstruales, algunas mujeres experimentan ―un cambio de diosa‖ cuando hormonas y arquetipos interactúan y producen un impacto en sus psiques. Las mujeres que son sensibles a estos cambios notan que durante la primera mitad del ciclo parecen más conectadas con las diosas independientes, especialmente, Artemisa o Atenea, con su enfoque extravertido y de entrada y salida del mundo. Después, durante la segunda mitad del ciclo, cuando aumenta la progesterona –hormona facilitadota del embarazo-, perciben que sus tendencias ―para construir el nido‖ parecen más fuertes y que sus sentimientos hogareños y dependientes se vuelven más pronunciados. En esos momentos las influencias más fuertes son las de Deméter, Hera, Perséfone o Hestia (3).
Estos cambios hormonales y de diosas pueden producir conflictos y confusión, a media que es primero una diosa la que cobra relevancia y después otra. Un modelo clásico es la mujer independiente Artemisa, que vive con un hombre resistente al matrimonio o con un hombre que siente que no tiene madera de marido. Vivir juntos constituye un compromiso que le conviene hasta que se produce el cambio hormonal. En algún momento de la segunda parte del ciclo, la necesidad de Hera de ser compañera recibe apoyo hormonal. El no estar casada agita en esos momentos sentimientos de resentimiento o de rechazo que conducen a una pelea mensual o a una minidepresión que, con toda predicitibilidad, terminan cuando acaba el periodo.

Las personas y los acontecimientos activan las diosas
Una diosa puede volverse activa y brotar a la vida cuando el arquetipo es provocado por una persona o un acontecimiento. Por ejemplo, una mujer descubre que la situación de desamparo de otra persona es un irresistible estímulo para dejar de hacer lo que está haciendo y ser una Deméter solícita. Este cambio puede producir un efecto negativo en su trabajo, por ser lo que suelo dejar de lado. Emplea demasiado tiempo en llamadas telefónicas personales, escuchando los problemas de los demás. Con demasiada frecuencia se precipita afuera en misiones de caridad, poniéndose al borde se ser despedida. Otra mujer puede descubrir que una marcha feminista le transforma en una Artemisa hecha y derecha dispuesta a vengar intrusiones en el territorio de las mujeres, al sentir una oleada de hermandad y fuerza. Y los asuntos económicos pueden convertir, sin embargo, a otra mujer de ser una persona despreocupada y orientada hacia las relaciones personales, en una Atenea que lucha por el ―mínimo aceptable‖, muy rigurosa en los contratos en cuanto a la parte que le corresponde.
Cuando una mujer se enamora, el cambio amenaza a las prioridades, internamente, en el nivel arquetípico, puede que ya no se mantengan los viejos patrones. Cuando se activa Afrodita, puede desvanecerse la influencia de Atenea, haciendo que su promoción profesional sea menos importante que su nuevo amor. O puede que los valores pro-matrimonio de Hera sean superados si se produce una infidelidad.
Si el aspecto negativo de una diosa se activa por las circunstancias, aparecen síntomas psiquiátricos. La pérdida de un hijo o de una relación significativa puede convertir a una mujer en una afligida madre Deméter que deja de funcionar y se siente, simplemente, profundamente deprimida e inalcanzable. O la proximidad de su marido a una mujer atractiva –sea una compañera de trabajo, una empleada o una vecina- puede invocar a la Hera celosa, haciendo que una mujer se vuelva desconfiada y paranoica, que ve engaños e infidelidad donde no las hay.


El “hacer” activa las diosas
El dicho ―hacer es hacerse‖ expresa cómo pueden evocarse o desarrollarse las diosas mediante el curso elegido de una acción. Por ejemplo, la práctica de la meditación puede activar o fortalecer gradualmente la influencia de Hestia, la diosa introvertida y enfocada hacia dentro. Como los efectos de la meditación misma, sin subjetivos, la única persona que suele notar la diferencia es la misma mujer. Puede que medite unas dos veces al día y que entonces se ocupe de sus quehaceres cotidianos, sintiéndose más ―centrada‖, disfrutando de momentos de bienestar tranquilo característicos de Hestia. A veces, los demás también notan la diferencia, como pasó con el personal de oficina de una supervisora de asistentes sociales, que se dio cuenta de que, cuando meditaba, ésta tenía menos prisas y se volvía más calmada y compasiva.
En contraste con los efectos graduales de la meditación, una mujer que toma drogas psicoldélicas puede alterar su percepción de manera precipitada. Aunque los efectos suelen ser pasajeros, pueden producirse cambios duraderos de personalidad. Por ejemplo, si una mujer que es dominada por Atenea –la diosa pragmática de mentalidad lógica- toma una droga psicoldélica, puede descubrirse disfrutando de sus sentidos para variar. Lo que es más intenso y bello, se queda completamente absorta en la música, se siente sensual y que ella es mucho más que su mente. Tal vez Afrodita se le haga familiar y disfrute de experiencias intensas en el presente inmediato. O puede que contemple las estrellas, sentirse una con la naturaleza, o ser por una ver Artemisa, diosa de la luna, la cazadora cuyo reino era la naturaleza. O quizá la experiencia de la droga le lleve al ―mundo subterráneo, en donde viva la experiencia del contenido intangible e irracional del inconsciente. Tal vez se deprima, tenga alucinaciones o quede aterrorizada si su experiencia se asemeja al secuestro de Perséfone en el mundo subterráneo.
Una mujer que elija continuar su educación más allá del bachillerato favorece el desarrollo de las cualidades de Atenea. Una mujer que elija tener un bebé invita a fortalecer la presencia de la maternal Deméter. Y apuntarse a una excursión con mochila en plena naturaleza proporciona más expresión a Artemisa.

Invocando a las diosas
Muchos de los himnos homéricos son invocaciones a las deidades griegas. Por
ejemplo, un himno homérico puede crear la imagen de una diosa en la mente de quien lo escucha, al describir su apariencia, atributos y hazañas. Entonces se la invita a estar presente, a entrar en un hogar, a dar una bendición. Los griegos de la antigüedad sabían algo que nosotros podemos aprender: las diosas pueden ser imaginadas y, después, invocadas.
En los capítulos sobre las diosas concretas, los/as lector/as tal vez descubran que no están familiarizados/as con alguna de ellas. Tal vez se encuentren con que un arquetipo que les sea enormemente útil no esté desarrollado suficientemente o que, aparentemente, les ―falte‖ dentro de sí. Es posible ―invocar‖ dicha ―diosa‖, haciendo conscientemente un esfuerzo para ver, sentir o tener la sensación de su presencia –visualizarla mediante la imaginación- y, después, pedir su fuerza singular. He aquí unos ejemplos de invocaciones.

● Atenea, ayúdame a pensar con claridad en esta situación.
● Perséfone, ayúdame a permanecer abierta y receptiva.
● Hera, ayúdame a comprometerme y ser fiel.
● Deméter, enséñame a ser paciente y generosa, ayúdame a ser una buena madre. ● Artemisa, manténme
centrada en ese objetivo lejano.
● Afrodita, ayúdame a amar y a disfrutar mi cuerpo.
● Hestia, hónrame con tu presencia, dame paz y serenidad.


Las diosas y las etapas de la vida
Una mujer puede atravesar muchas fases en su vida. Cada etapa de su vida puede tener su propia diosa o diosas más influyentes. O puede pasar toda su vida con un patrón de diosa a lo largo de las sucesivas etapas. Cuando las mujeres consideran el pasado de sus vidas, suelen reconocer cuándo una o varias diosas eran más importantes o influyentes que otras.
Como joven adulta, una mujer tal vez haya estado centrada en su educación, como yo cuando estudiaba medicina. El arquetipo de Artemisa me mantenía centrada en mi meta. Mientras tanto, invocaba las capacidades de Atenea para aprender procedimientos y hechos que condujeran a establecer diagnósticos basados en descubrimientos clínicos y de laboratorio. Como contraste, mis compañeras de curso que se casaron inmediatamente después de acabar los estudios y tuvieron hijos, estaban invocando a Hera y a Deméter.
La mitad de la vida es una época de transición que suele marcar el comienzo de un cambio de diosa. En algún momento, a mitad de los treinta o a mitad de los cuarenta, palidece la intensidad del arquetipo predominante de los años anteriores, lo cual permite que emerjan otras diosas. Resultan evidentes los resultados del esfuerzo puesto en lo que ocupase a una mujer en sus primeros años de vida adulta: matrimonio e hijos, profesión, esfuerzos creativos, un hombre, o una combinación de todo ello. Aparece más energía disponible para otra cosa, lo cual constituye una invitación para que otras diosas ejerzan su influencia. ¿Le influirá Atenea para que acabe una licenciatura? O, ¿prevalecerá el deseo de Deméter de tener un hijo, en un momento en que se trata de ―ahora o nunca‖?.
A continuación viene otra transición tardía en la vida, en la que las diosas pueden cambiar de nuevo. El periodo de la posmenopausia puede anunciar un cambio, lo mismo que el estado de viudedad, la jubilación o sentirse vieja. ¿Descubrirá la viuda que debe manejar dinero por primera vez una Atenea latente y se encontrará con que es capaz de entender de inversiones? ¿Se ha convertido la soledad no deseada en un cómodo retiro interno, porque se conoce ahora a Hestia? O ¿se ha vuelto ahora la vida vacía y sin sentido, porque Deméter no tiene a nadie a quien nutrir? Como en cualquier otra etapa de la vida, el resultado para cada mujer depende de la diosa que sea activada en la psique, las realidades de su situación y las elecciones que haga. 


Jean Shinoda Bolen . Las diosas de cada mujer.





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